Entre tantas conmemoraciones, hay vidas que siguen invisibles...como la de Cynthia y Gaspi
salud

Entre tantas conmemoraciones, hay vidas que siguen invisibles...como la de Cynthia y Gaspi

Cynthia no necesita compasión un día al año. Gaspi no necesita un gesto simbólico. Necesitan estructura, acompañamiento y una comunidad capaz de educar en empatía real.

Mi amiga se llama Cynthia. Y su hijo, Gaspi.

Gaspi tiene Síndrome de Treacher Collins, una malformación craneofacial congénita que afecta aproximadamente a 2 de cada 100.000 nacimientos a nivel mundial. Una cifra mínima en términos estadísticos. Pero absoluta cuando te toca.

Desde el día del diagnóstico, la vida de Cynthia cambió. No de manera simbólica. De manera total.

Aprendió términos médicos que nunca quiso aprender. Entendió lo que significa pelear coberturas que no existen. Descubrió que hay tratamientos que el sistema no contempla porque, simplemente, “no son suficientes casos”. Se enfrentó a listas de espera, a reconstrucciones no cubiertas y a exigencias absurdas para acceder a apoyos básicos.

Pero con el tiempo entendió algo aún más duro: lo más complejo no siempre está en el hospital. Está en lo social.

Porque mientras el calendario se llena de conmemoraciones —días internacionales, campañas, mensajes institucionales—, hay temas que siguen siendo tabú. Las diferencias físicas visibles incomodan. Generan miradas largas, silencios tensos, preguntas que nadie sabe cómo formular. Y cuando los adultos no saben cómo abordar la diferencia, los niños tampoco.

Gaspi no solo enfrenta controles médicos. También enfrenta el recreo. La curiosidad mal gestionada. Las burlas que algunos minimizan como “cosas de niños”, pero que construyen inseguridades profundas. La exclusión silenciosa.

Cynthia no solo gestiona tratamientos. Gestiona autoestima. Contiene. Explica. Educa. Anticipa escenarios sociales que podrían herir. Y vuelve a casa muchas veces más cansada emocionalmente que físicamente.

Por eso, cuando cada 28 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Enfermedades Poco Frecuentes, ella agradece la visibilidad. Pero sabe que al día siguiente todo sigue igual. Las efemérides iluminan por un momento. La invisibilidad estructural permanece.

Las Enfermedades poco Frecuentes afectan a un número reducido de personas, pero el impacto es absoluto en cada familia. No es una condición parcial. Es un reordenamiento completo de la vida. Y, sin embargo, siguen siendo periféricas en la discusión pública.

Entonces la pregunta no es retórica, es concreta: ¿Quién se hace cargo? ¿El sistema de salud, cuando no hay cobertura suficiente? ¿El Estado, cuando las políticas priorizan lo más frecuente? ¿Los colegios, cuando no existen herramientas reales de inclusión? ¿La sociedad, cuando prefiere no mirar lo que incomoda?

Porque la enfermedad no termina en el diagnóstico. Continúa en la convivencia. Y mientras organizamos prioridades en función de mayorías, olvidamos que el valor de una sociedad no se mide por cómo trata a lo frecuente, sino por cómo protege a lo excepcional.

Cynthia no necesita compasión un día al año. Gaspi no necesita un gesto simbólico. Necesitan estructura, acompañamiento y una comunidad capaz de educar en empatía real.

Entre tantas conmemoraciones, hay vidas que siguen esperando algo más que una mención. La pregunta ya no es si vemos el problema. La pregunta es si estamos dispuestos a asumirlo.

Nicolás Ward Edwards
Periodista
Máster en Dirección de Comunicación Corporativa
OBS Business School y U. de Barcelona

← Volver a noticias