Buscando caminos distintos: ¡No más violencia!
El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin. Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel se ha fortalecido: el camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas.
Las dictaduras
Las monarquías absolutas, aunque a veces tengan parlamentos elegidos con sistemas de democracias restringidas o acotadas a las ideologías del monarca, son, es estricto rigor, dictaduras. El Sha de Persia (Irán), Saddam Hussein en Irak, padre e hijo Assad en Siria, los militares de Egipto, los reyes de Arabia y los emires de los pequeños territorios petroleros, son todos dictadores.
Y como pasa casi siempre, a las dictaduras que caen mediante actos de revuelta, guerra civil o sublevaciones similares, les siguen nuevas dictaduras: son los casos de Rusia a la caída de los zares, de Alemania a la caída del Kaiser, de Cuba, de Nicaragua y, por supuesto de Persia (Irán).
En este último país se instaló un sistema teocrático dirigido por religiosos, lo que hace que la ideología además tenga pocas probabilidades de discusión al estar inspirada por una interpretación de la palabra divina. Si los gobernantes son, además de poderosos política, militar y económicamente, los portavoces de una divinidad, entonces el pueblo quedará sometido a una tremenda dictadura aunque pueda tener elecciones para ciertas cosas. Porque en definitiva la última palabra la tienen esos sacerdotes-líderes que se alzan por sobre toda estructura institucional.
El caso de América: intervención de Estados Unidos
Hubo un momento en que en América tuvimos muchísimas dictaduras y los pueblos intentamos luchar pacíficamente en contra de ellas. Fueron cayendo de a una: la mayor parte de las situaciones sin que mediaran actos de violencia extrema.
En el proceso de instalación de las dictaduras en América Latina intervino directamente Estados Unidos, tal como lo ha hecho en distintos lugares del mundo, dando respaldo a dictadores o derrocando a unos para poner a otros. Y eso es lo que ha hecho siempre.
El colonialismo se proyecta
La época colonial, que comenzó a terminar con la entrega de los países invadidos por países de Europa a las elites locales en distintos continentes –salvo en el caso de Palestina donde se dividió el país para entregar al movimiento sionista la mayor parte del territorio–, no significó grandes cambios para los pueblos, que han seguido sometidos al sistema económico y social de las potencias, bajo un cierto predominio cultural extranjero.
En la medida que existen recursos naturales que explotar, las grandes potencias intervienen todo lo posible. Cuando ya no pueden hacerlo con el descaro que significa su presencia militar en suelo ajeno, lo hacen mediante la corrupción de esas elites que ellas mismas sostienen y de la intervención cultural, valórica, tecnológica y económica sin límite ni pudor alguno.
No están dispuestas a aceptar distanciamientos efectivos de los gobiernos de países que han decidido controlar (nuevamente podemos mencionar a Estados Unidos en relación con el caso de Chile y agregar Brasil).
Ya una señal de alarma fue la oposición del gobierno chileno a la invasión a Irak en Naciones Unidas, en la presidencia de Ricardo Lagos y Soledad Alvear como Canciller. Pero como igual invadió, haciendo caso omiso a la ONU, no pasó nada. Sin embargo a Estados Unidos le ha resultado difícil tolerar que este pequeño país del sur muestre actitudes contrarias a su aliado estratégico principal (Israel) en la política expansionista.
Se fortalece la alianza
Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel y las otras grandes potencias se ha fortalecido. El camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas, hasta lograr el control estratégico de la región entera, desde el Mediterráneo hasta la India.
A Estados Unidos le toca presionar a América Latina para sacar todo intervencionismo que ellos consideran ajeno a la región (fue antes la Unión Soviética, ahora es China) y, si es necesario, hacer intervenciones directas como la que está en ejecución en Venezuela y se prepara sobre Cuba y Nicaragua. Israel incendia el llamado Medio Oriente. Y se mueven los peones.
¿Por qué Pakistán, una potencia nuclear que está en conflictos permanentes con la India, resuelve ahora atacar a Afganistán? Claramente es una maniobra de distracción, digitada desde Washington (¿O Langley?) para que los ataques de la alianza USA-Israel puedan actuar impunemente.
¿Terminar con el terrorismo?
El argumento es terminar con el terrorismo. ¿Todavía no entiende Estados Unidos que mientras más violencia de ese tipo aplique, más provoca resistencias que terminan en actos de terrorismo? En lugar de buscar entendimientos y alianzas que favorezcan no sólo a sus intereses sino también a los demás pueblos, sigue aplicando la estrategia del gran garrote, imponiéndose por la fuerza y la destrucción. Ya lo dije en otro artículo: el matón de barrio.
Pueden ser derrocados los gobernantes de Irán, pero no se calmarán las iras de un pueblo que tendrá otros tiranos y seguirán viendo postergadas sus aspiraciones, la satisfacción de sus necesidades, la construcción de una forma diferente de vivir sustentada en la justicia, la armonía, la solidaridad, la libertad (no sólo económica).
El terrorismo es la reacción de grupos y de personas que terminan perdiendo el miedo y el respeto por la vida propia y de los otros. Lo que buscan es golpear a quien consideran su agresor con mucha dureza, sin comprender, tampoco, que ése no es el camino para la construcción de una sociedad justa.
Es el juego de la desesperación, de la ira que se expresa luego de haber sido contenida. ¿No era terrorismo lo que hacían los franceses en su lucha contra el invasor alemán al destruir puentes, poner bombas, atacar de noche lugares donde podía haber población civil? Porque ese pueblo vivía en la desesperación.
La violencia como estrategia política
La invasión de Irán ahora, la de Cuba mañana, la de otros territorios del mundo que Estados Unidos, sus aliados sionistas y los grandes poderes económicos del mundo quieren asegurar a su servicio, no hace más que desatar iras y aumentar la impotencia de pueblos enteros que buscan mejores expectativas.
La experiencia de Vietnam parece no haberle servido de nada. La intromisión en Afganistán no fue lección suficiente.
Invasiones y corrupción son dos formas de violencia política que los grandes usan para someter a países enteros a sus deseos e intereses. Lo que importa es que sus aliados locales, en cada territorio, puedan moverse con tranquilidad e imponer sus términos en cada situación de conflicto o tensión. El espectáculo que da Perú con la continua destitución de gobernantes deja en evidencia que el país puede moverse con estos agentes económicos sometiendo a los gobernantes que, si no acatan sus disposiciones, caerán como palitroques.
El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin.
Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Desde venderle armas al enemigo, organizar la Base (Al Qaeda) en Medio Oriente, poner agentes que hacen juegos dobles, organizar formas de violencia para justificar medidas represivas, hasta legislar de modo que baste la sospecha para detener sin juicio e indefinidamente a personas en cárceles secretas (tipo Guantánamo) en distintas ciudades del mundo.
Un camino diferente
Observo sin embargo algunos aspectos que me parecen interesantes. Mientras la mayoría de los gobiernos de las potencias europeas bailan al son de la música de Trump, en los distintos grupos sociales empiezan manifestaciones cada vez más grandes en contra de toda esta ola de violencia.
Actores –famosos y no tanto–, artistas, intelectuales –incluso israelitas–, jóvenes organizados o no, van levantando voces en favor de los derechos del pueblo palestino, del término de los bloqueos económicos, en contra de la corrupción y formas de violencia directa o encubierta.
En distintas latitudes se alzan voces para decir que no queremos más guerra ni ninguna forma de violencia. La lucha contra el terrorismo y la delincuencia se hace creando redes sociales de personas en las que se pueda confiar, de gente solidaria, responsable, libre, que no tiene miedo y valora la vida. O que tiene miedo, pero como valora la vida, es capaz de superarlo y actuar.
No más guerras, no más dictaduras, no más terrorismo, no más violencia.
¿Puede ser una mirada ingenua? Puede ser. Pero es sobre todo un compromiso personal que me mueve, como me movió durante la dictadura chilena, a creer que es posible poner frenos a la violencia desde la “no violencia activa”.