¿Se extinguirán los hombres? La verdad sobre el cromosoma Y
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¿Se extinguirán los hombres? La verdad sobre el cromosoma Y

Ambos debates avanzan en paralelo y a veces se confunden, pero la realidad es más matizada: existe amplio consenso en que el cromosoma Y ha sufrido una degradación histórica considerable, persiste la discusión sobre su destino a muy largo plazo y, al mismo tiempo, se acumulan datos que vinculan su pérdida celular con posibles implicaciones para la salud. Todo a la vez.

El origen evolutivo del cromosoma Y

Hace aproximadamente entre 170 y 180 millones de años, los cromosomas sexuales de los mamíferos formaban un par prácticamente idéntico. Con el tiempo, ese par ancestral se diferenció hasta dar lugar a los cromosomas X e Y actuales. 

Uno de ellos, el gen SRY, actúa como desencadenante del desarrollo masculino. Algunos otros intervienen en la producción de esperma. Las funciones del resto siguen siendo objeto de estudio y debate, lo que ha contribuido a la percepción del Y como un cromosoma atípico desde el punto de vista evolutivo.

La afirmación, incluida casi de pasada en un artículo técnico de 2004, provocó una reacción desproporcionada. "Me sorprende mucho que alguien se preocupe por la extinción de los hombres dentro de cinco o seis millones de años", declaró después Graves a Science Alert, recordando que la especie humana ni siquiera lleva 100.000 años existiendo.

¿Por qué se degrada el cromosoma Y?

La segunda, y quizá más determinante, es su aislamiento. A diferencia del resto de los cromosomas, el Y no cuenta con un homólogo con el que intercambiar segmentos de ADN para corregir errores. En la mayoría de los casos, los cromosomas se "apoyan" en su pareja durante la recombinación para compensar daños. El Y carece de ese respaldo estructural, de modo que las alteraciones acumuladas resultan mucho más difíciles de eliminar.

¿Está realmente condenado?

Jenny Graves no niega esa estabilidad, pero introduce un matiz: que algo permanezca estable hoy no significa que vaya a durar indefinidamente. El cromosoma Y contiene abundantes secuencias repetidas susceptibles de degradarse generación tras generación, y los genes que hoy parecen firmes podrían ser sustituidos si cambian las condiciones evolutivas. 

Graves sostiene que, si surgiera un gen determinante del sexo más eficiente en una población humana pequeña y aislada –donde los accidentes genéticos son más probables–, podría propagarse sin necesidad de eliminar los rasgos masculinos visibles.

"Quizás ya haya sucedido en alguna población humana en algún lugar", afirmó a Science Alert.

Pérdida del cromosoma Y y enfermedades en hombres mayores

En un reciente artículo en The Conversation, Graves expone que las nuevas técnicas de detección genómica muestran que este fenómeno es frecuente en tejidos de hombres mayores. Con el paso del tiempo, el cromosoma Y desaparece de algunas células y sus descendientes ya no lo recuperan.  

El desafío de la causalidad

Como expone Graves, establecer una relación causal es complejo: las enfermedades podrían provocar la pérdida del Y, o bien un tercer factor podría estar detrás de ambos fenómenos. No obstante, un experimento con ratones sugiere un posible efecto directo. Al trasplantar células sanguíneas sin cromosoma Y a ratones irradiados, los animales desarrollaron más patologías asociadas al envejecimiento, incluidas alteraciones en la función cardíaca y casos de insuficiencia cardíaca.

¿Desaparecerán entonces los hombres?

No de la noche a la mañana. Los humanos no pueden reproducirse por partenogénesis y existen al menos 30 genes con impronta que deben proceder del esperma. Si el cromosoma Y llegara a desaparecer, la alternativa no sería la extinción inmediata, sino la evolución de un nuevo sistema de determinación sexual. En teoría, ese proceso podría incluso conducir, a muy largo plazo, a una diferenciación de especies, como sugiere Graves.

Además, la secuenciación completa del ADN del cromosoma Y humano se logró hace apenas un par de años, por lo que nuestro conocimiento detallado sobre su funcionamiento sigue siendo relativamente reciente. Más que el obituario de un cromosoma en decadencia, esta nueva etapa podría permitir una comprensión más detallada de su papel en la biología y la evolución humanas.

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