Radares meteorológicos: qué son y cómo podrían ayudar a anticipar fenómenos como el aluvión en Las Condes
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Radares meteorológicos: qué son y cómo podrían ayudar a anticipar fenómenos como el aluvión en Las Condes

El aluvión en Las Condes reabrió el debate sobre la falta de una red nacional de vigilancia meteorológica. Estos equipos permiten seguir tormentas y lluvias intensas con mayor precisión, pero su instalación requiere inversiones millonarias.

El aluvión que afectó a San Carlos de Apoquindo, en la comuna de Las Condes, el pasado jueves volvió a instalar la discusión sobre la necesidad de incorporar radares meteorológicos en Chile, una tecnología que permitiría mejorar el monitoreo de lluvias intensas y tormentas de rápida evolución.

Tras la emergencia, la alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, planteó la necesidad de invertir en estos instrumentos. En paralelo, el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, señaló que el Ejecutivo está evaluando fórmulas para avanzar en su adquisición e instalación, aunque advirtió que se trata de una inversión de alto costo.

Las dificultades para anticipar el impacto específico del fenómeno también quedaron reflejadas en las declaraciones de la directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), Alicia Cebrián. “No hubo tiempo de poder anticipar una condición así, aun cuando este sistema frontal se venía monitoreando, informando a la ciudadanía con mucha anticipación”, señaló.

Qué son, cómo funcionan y por qué resultan relevantes para el país

Los radares meteorológicos son instrumentos que permiten detectar y seguir precipitaciones mediante la emisión de ondas electromagnéticas que interactúan con gotas de lluvia, partículas de hielo y otros elementos presentes en la atmósfera.

A partir de las señales que regresan al equipo, es posible estimar dónde se están produciendo precipitaciones, cuál es su intensidad y cómo se desplazan.

Su principal ventaja es que permiten observar fenómenos localizados que pueden resultar difíciles de identificar con suficiente precisión mediante los modelos meteorológicos convencionales.

El meteorólogo de la Dirección Meteorológica de Chile, Arnaldo Zúñiga, explicó a La Tercera que esta tecnología resulta especialmente útil frente a tornados, trombas marinas y nubes convectivas, capaces de producir tormentas eléctricas y precipitaciones intensas durante períodos breves.

Según el especialista, aunque los modelos disponibles permiten identificar las zonas donde podrían desarrollarse estos fenómenos, determinar su ubicación exacta sigue siendo complejo. “Precisar dónde, en una comuna, con la tecnología que tenemos actualmente es difícil”, sostuvo.

El problema adquiere especial relevancia, dice, en sectores cordilleranos, donde la red de estaciones de observación meteorológica presenta limitaciones de cobertura.

En ese escenario, los radares permitirían ganar tiempo frente a la aproximación de tormentas intensas. “Sí pueden ayudar a prevenir, aunque sea con minutos”, explicó Zúñiga, quien señaló que, dependiendo de la trayectoria de las nubes, estos instrumentos podrían entregar hasta aproximadamente media hora de anticipación para identificar los sectores donde podrían registrarse precipitaciones intensas.

El meteorólogo agregó que Chile dispone de herramientas para detectar tormentas eléctricas, pero estas no permiten conocer necesariamente la cantidad de agua que transportan las nubes. Los radares, en cambio, aportarían esa información y permitirían mejorar el seguimiento de fenómenos meteorológicos potencialmente peligrosos.

Una idea que no es nueva

Zúñiga recordó que a raíz de los tornados que afectaron en 2019 a la región del Biobío y que dejaron una persona fallecida en Talcahuano. El entonces gobierno de Sebastián Piñera encargó un estudio para evaluar la instalación de una red nacional de radares.

La propuesta en ese entonces contemplaba ocho equipos fijos y la posibilidad de incorporar otros dos móviles, utilizando la tecnología de banda C y doble polarización.

De acuerdo con las estimaciones en aquella época, cada equipo tenía un valor aproximado de 3 millones de dólares, considerando únicamente el instrumento.

El proyecto estudiado en 2019 no llegó a concretarse. Zúñiga explicó que la iniciativa quedó en una etapa preliminar y que posteriormente debieron priorizarse otros recursos, en un contexto marcado por el estallido social y la pandemia.

Actualmente, explicó el meteorólogo, se está analizando la factibilidad de incorporar nuevas herramientas de monitoreo, eventualmente mediante radares móviles como primera etapa, antes de avanzar hacia un sistema de mayor cobertura.

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