La venta de Telefónica y el estado de la industria de telecomunicaciones en Chile
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La venta de Telefónica y el estado de la industria de telecomunicaciones en Chile

Regular hoy significa cuidar al usuario y, al mismo tiempo, asegurar que existan redes capaces de sostener el desarrollo digital del país.

Por estos días se confirmó la venta de Telefónica Chile a una asociación entre el fondo NJJ y Millicom por aproximadamente 1.200 millones de dólares. NJJ, vehículo del empresario Xavier Niel, controlará el 51% de la operación, mientras Millicom tendrá el 49%, con opción de compra futura. No es un simple cambio accionario, se trata del cierre de un ciclo y el inicio de otra etapa.

De manera más didáctica, muchas inversiones no han logrado cubrir su propio costo de capital. Cuando eso ocurre de manera prolongada, es decir una rentabilidad tan ajustada que es incapaz de sostener grandes ciclos de inversión, no estamos frente a lo que llamamos creación de valor, sino frente a la destrucción de valor. Y cuando la destrucción de valor se vuelve estructural, el problema deja de ser empresarial y pasa a ser sistémico.

Nadie invierte capital relevante para perpetuar un esquema que no remunera adecuadamente el riesgo. Si la brecha entre rentabilidad y costo de capital se mantiene, el resultado natural será menor inversión futura, concentración de servicios en zonas rentables y postergación de expansión territorial.

Por eso el debate de cuántos operadores de servicio público existen o tender a un ambiente de consolidación no es menor, porque el sistema actual no estaría permitiendo sostener redes modernas y resilientes. La experiencia internacional muestra que los mercados tienden a consolidarse cuando la intensidad de capital lo exige. La pregunta no es si eso ocurrirá, sino si Chile gestionará esa transición de manera ordenada o llegará a ella después de una crisis de inversión.

Desde la perspectiva país, que exista apetito internacional por invertir en Chile es una señal positiva. En mercados donde Millicom ha operado, su llegada ha tendido a elevar la vara competitiva más que a erosionar tarifas, una performance que permite flexibilidad financiera y distribución de riesgos. Pero el verdadero desafío está en el marco regulatorio que sea capaz de abordar las nuevas complejidades.

La llegada de Millicom es una oportunidad. Pero como toda oportunidad, dependerá de si somos capaces de enfrentar la pregunta central: ¿queremos un mercado que compita solo en descuentos, o uno que compita en inversión, calidad y futuro?

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