Maduro y el marketing de lo inesperado
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Maduro y el marketing de lo inesperado

Desde el conjunto Nike de Maduro hasta los escapularios de Ovidio Guzmán, los símbolos políticos y acciones cotidianas construyen narrativas involuntarias. Este marketing no nace de estrategias, sino de una arquitectura de improvisación o casualidad que convierte eventos políticos o de impacto social en potentes motores de venta.

El uniforme de la caída

La imagen de Maduro vistiendo un conjunto Nike Tech Fleece (gris) transformó una crisis política en un motor de consumo global.

Ademas este caso expone una paradoja ideológica brutal: un líder con discurso antiimperialista capturado con el símbolo máximo del capitalismo estadounidense. Esta contradicción generó una viralidad orgánica imposible de diseñar para cualquier agencia de Marketing & relaciones públicas.

Casos emblemáticos

El marketing involuntario ha tenido otros momentos clave en la historia:

Ovidio Guzmán: Sus escapularios se convirtieron en objetos de culto, demostrando cómo los códigos visuales crean lazos en la conversación pública.

El storytelling de Mamdani

Votar la historia, no al candidato: Mamdani personificó un relato de proximidad, “más calle, menos élite”, mediante carteles vibrantes y tipografías disruptivas.

Arquitectura de la proximidad: utilizó símbolos cotidianos -el metro, la bicicleta o ropa informal- para generar una ilusión de confianza psicológica inmediata.

Control de la interpretación: Mamdani demostró que dominar los marcos emocionales compensa la falta de trayectoria ejecutiva.

En la comunicación de nuevos medios, Mamdani prueba que el éxito pertenece a quien logra que el público sienta antes de que piense, dictando el resultado político a través del diseño.

Para analizar

Es clave entender que la comunicación política actual en Sudamérica vive un “giro narrativo”. Hoy, los partidos han desplazado los datos técnicos por relaciones estratégicas en redes sociales para conectarse emocionalmente.

Javier Milei (Argentina): Utilizó la “arquitectura de la proximidad” al personificar el hartazgo contra la élite. Su narrativa de “la casta” y el uso de símbolos disruptivos (la motosierra) lograron que el votante sintiera su mensaje antes de racionalizar sus planos económicos.

Gabriel Boric (Chile): El uso de símbolos cotidianos, como el árbol de Magallanes o su vestimenta informal, rompió la distancia simbólica con el poder. Esta estética de “calle” construyó una ilusión de confianza psicológica que compensó las críticas sobre su falta de experiencia ejecutiva previa.

Nayib Bukele (El Salvador): Domina el control de la interpretación mediante un storytelling visual impecable en redes, donde él dicta la historia de la “nueva seguridad” por sobre cualquier estadística externa.

En resumen, hoy gana quien mejor gestiona la emoción y el símbolo que representa.

Ganancias económicas vs. pérdidas de imagen

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