Niñas y ciencia: cuando la vocación también depende de las expectativas | Por Valentina Gran
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Niñas y ciencia: cuando la vocación también depende de las expectativas | Por Valentina Gran

Si queremos un país más innovador, justo y competitivo, necesitamos que más niñas no solo “puedan imaginarse”, sino efectivamente se vean y se desarrollen como científicas, ingenieras, tecnólogas o matemáticas.

Hace algunos días se instaló nuevamente la conversación pública sobre la participación de mujeres y niñas en la ciencia. Más allá de la efeméride, la pregunta de fondo es consistente: ¿qué condiciones reales tienen nuestras niñas para imaginar una trayectoria científica o tecnológica? En Chile, donde más de la mitad de las estudiantes de educación superior son mujeres, la elección de disciplinas académicas sigue mostrando desigualdades estructurales que no se resuelven con buenas intenciones aisladas.

En procesos recientes de admisión a la educación superior, las cifras oficiales muestran que aproximadamente el 32 % de las seleccionadas para carreras STEM fueron mujeres. Aunque esto sugiere un ligero avance respecto de años anteriores, la brecha con la paridad sigue siendo significativa y consistente entre cohortes.

Estos datos no son solo estadísticas abstractas: reflejan cómo las expectativas sociales, los estereotipos y la falta de referentes influyen en las decisiones vocacionales mucho antes de llegar a la educación superior. Nuestra trayectoria acompañando a miles de jóvenes en sus procesos de elección profesional confirma que el interés por las ciencias puede surgir temprano, pero tiende a diluirse en la adolescencia cuando pesan con más fuerza mensajes que asocian ciertas disciplinas con identidades o roles “no femeninos”.

Promover la participación de mujeres en STEM no es solo una cuestión de equidad simbólica. Las carreras científicas y tecnológicas, además de ser motores clave de innovación, ofrecen en muchos casos mejores proyecciones laborales y salariales, especialmente en un mercado del trabajo que sigue evolucionando hacia perfiles técnicos y digitales. Limitar el acceso de las mujeres a estas áreas es, en la práctica, restringir opciones de desarrollo profesional y autonomía económica.

La vocación científica existe. El talento también. El desafío es garantizar que las decisiones futuras de nuestras niñas no estén condicionadas por límites invisibles, sino por información clara, referentes cercanos y la certeza de que pueden construir su propia trayectoria en ciencia y tecnología. Si queremos un país más innovador, justo y competitivo, necesitamos que más niñas no solo “puedan imaginarse”, sino efectivamente se vean y se desarrollen como científicas, ingenieras, tecnólogas o matemáticas.

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