El 33% de las personas cuidadoras en Chile casi nunca descansa
Un estudio de AIEP revela la sobrecarga de quienes cuidan en nuestro país: un 65% no puede ausentarse nunca y el 58% lo hace todos los días de la semana.
Para miles de chilenas y chilenos, las vacaciones no son un paréntesis posible. El cuidado de un hijo con dependencia, de un adulto mayor o de una persona con discapacidad se convierte en una tarea continua que no admite feriados ni fines de semana.
“Yo dejé de trabajar hace cuatro años para cuidar a mi mamá”, cuenta María (52), de San Fernando. “Pensé que sería por un tiempo, pero se transformó en mi vida completa. Si salgo a comprar pan, voy mirando el reloj. Vacaciones no existen, a lo más una tarde cuando viene mi hermana”.
El costo emocional de cuidar 24/7
Las cifras dibujan una rutina donde la pausa es excepcional. Otro 13% de los encuestados solo consigue descansar una o dos veces al mes, un patrón claramente insuficiente para la recuperación física y emocional. La sobrecarga no es solo un problema de cansancio: especialistas en salud mental han advertido que la exposición permanente a responsabilidades de cuidado aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y enfermedades crónicas.
“Lo que vemos es una dedicación prácticamente sin pausa, un cuidado veinticuatro siete —explica Nicolás Gagliardi, director nacional de Vinculación con el Medio de AIEP—. La mayoría de las personas cuidadoras no cuenta con redes regulares de descanso ni con alguien que pueda suplir su ausencia, y eso termina afectando su salud y también la calidad del propio cuidado”.
Falta de reemplazo: el principal obstáculo para el descanso
El 65,6% de las personas encuestadas afirma que no puede ausentarse por más de dos días porque no tiene a quién dejar a cargo a quien cuida, ni de manera remunerada ni con apoyo familiar. El cuidado se transforma así en una obligación sin márgenes reales, donde cualquier imprevisto —una enfermedad propia, un trámite o un viaje breve— se vuelve casi imposible.
Para Cristián (58), de Quilpué, que cuida a su madre con movilidad reducida y diabetes, el mayor desgaste es mental. “Estoy pendiente de la hora de los medicamentos, de si comió, de si se va a caer al levantarse. Uno termina durmiendo con un oído despierto, como si el turno no se acabara nunca”.
Vacaciones con el teléfono en la mano
Incluso quienes logran tomarse vacaciones no consiguen desconectarse del todo. Entre quienes pueden ausentarse una semana o más, el 46,4% reconoce que disfruta esos días, pero permanece en alerta frente al teléfono o ante lo que pueda ocurrir en la casa de la persona cuidada. La experiencia se mezcla con culpa y ansiedad anticipatoria: el descanso existe, pero siempre a medias.
Detrás de esos números hay historias cotidianas que se repiten en todo el país: hijas que organizan su vida laboral en torno a las curaciones de un padre con diabetes; familias que se turnan para acompañar a una madre con demencia inicial; parejas que no pueden salir juntas porque alguien debe quedarse en casa.
Ley Chile Cuida y el derecho al autocuidado
El estudio desarrollado por AIEP confirma algo que las familias saben desde hace años: cuidar no es solo un acto de amor, también es un trabajo intenso que requiere apoyo social. Mientras ese apoyo no llegue de forma sistemática, miles de personas seguirán viviendo en una lógica de 24/7, donde el descanso es un lujo y no un derecho.
Sobre el estudio
Dónde pedir apoyo si eres persona cuidadora
Reconocer el agotamiento no es un fracaso personal: es una señal de que el cuidado también necesita cuidado.