Una calificación injusta: la política cultural bajo la lupa de los hechos
Es innegable que este gobierno ha significado un paso adelante en financiamiento, cobertura y reconocimiento de las culturas, las artes y los patrimonios, y es justo señalarlo.
A propósito de la columna de este domingo de Óscar Contardo en un medio nacional, en la que —a mi juicio, de manera injusta— califica la gestión cultural del gobierno del presidente Gabriel Boric como “un desempeño menos que mediocre”, resulta necesario mirar, a la luz de datos concretos, al menos dos políticas públicas impulsadas o reimpulsadas por esta administración que representan un paso adelante significativo en materia cultural.
Se trata de iniciativas que, por una parte, fortalecen el apoyo permanente a artistas, gestores, museos o centros culturales —es decir, a los agentes que median entre la creación artística y la ciudadanía— y que, por otra, reconocen y robustecen las redes culturales de base, aquellas que sostienen la cultura en su dimensión más territorial y comunitaria.
La primera de ellas corresponde al Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC). Este programa, que nació en 2016, financia a instituciones culturales (centros, teatros, museos, festivales, etc.) para asegurar su sostenibilidad en el tiempo.
Es decir, para que puedan, año a año, realizar su trabajo más allá de la adjudicación —o no— de fondos concursables. Para acceder y mantenerse en el programa, las organizaciones deben presentar planes de gestión y rendiciones exhaustivas de cada peso entregado por el Estado.
Entre 2022 y 2026, el programa no solo incrementó su presupuesto, sino que además modificó sus criterios de incorporación, permitiendo que más de 100 nuevas organizaciones se sumaran a esta política.
Actualmente, los PAOCC financian a 209 organizaciones en todo el país —duplicando las existentes en 2022— con un presupuesto cercano a los 20 mil millones de pesos. Se trata de un aumento significativo que ha impactado de manera directa en la sostenibilidad de proyectos que, por falta de recursos, antes morían año a año.
En segundo lugar, destacan los Puntos de Cultura Comunitaria. Este programa se creó en este Gobierno y es especialmente importante porque opera en un nivel donde muchas veces el Estado, el mercado y la institucionalidad cultural tradicional no llegan: el tejido cotidiano de la vida comunitaria.
La política contempla reconocimiento, financiamiento y apoyo mediante formación y herramientas de gestión para organizaciones de base. Para que se hagan una idea, se trata de bibliotecas populares, escuelas artísticas comunitarias, organizaciones de patrimonio local, circo social, organizaciones indígenas, entre otras.
En suma, el sector cultural enfrenta desafíos enormes —qué duda cabe— y, en mi nuevo rol como diputado, trabajaré activamente desde el Congreso por su defensa y proyección.
Sin embargo, es innegable que este Gobierno ha significado un paso adelante en financiamiento, cobertura y reconocimiento de las culturas, las artes y los patrimonios, y es justo señalarlo. Reconocer aquello, junto con identificar sus pendientes, es la mejor manera de seguir dándole impulso a un sector que, con muchas dificultades, ha ido reivindicando su importancia.
Los países, las sociedades, somos cultura; y es en esa cultura diversa donde nos encontramos, nos reconocemos, nos transformamos y aprendemos a querernos.