El espejismo de la negociación ramal
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El espejismo de la negociación ramal

Nuestro sistema de negociación, válido para la OIT y para la OCDE, ha tenido resultados positivos para el mundo sindical, el cual ha acrecentado su poder negociador.

Desde la presentación de la iniciativa de negoción multinivel (“ramal”) Gobierno y sectores aledaños han insistido sobre las bondades de este sistema de negociación y han atacado duramente la negociación por empresa, vigente desde hace más de tres décadas.

El problema es que nadie ha presentado evidencia concreta sobre el impacto que este cambio traería a nuestro sistema de relaciones laborales, ni sus efectos en el empleo, en la productividad y sobre todo en las PYMES. Y peor aún, se han ocultado los importantes avances que el país ha experimentado en materia de sindicalización y cobertura de la negociación colectiva desde el retorno a la democracia y las continuas reformas laborales.

A diferencia de lo dicho por el diputado Luis Cuello en este medio, los datos de la encuesta ENCLA de la DT del 2023, indican que la tasa de cobertura real de la negociación colectiva alcanza un 31,5%, sólo 2 puntos bajo el promedio de la OCDE (en 1985 era del 47%). Ello, porque los datos de la DT son parciales, pues no miden el porcentaje de cobertura por extensión de beneficios.

También la DT señala que en el año 2000 negociaron 123.675 personas y en el 2024, fueron 452.082 trabajadores. Sobre la cantidad de sindicatos son actualmente 11.772, pero allí se cuentan unos 3.000 sindicatos independientes que no negocian.

En otro orden de cosas, el proyecto presentado es muy rígido, pues somete a todo tipo de empresas, grandes, medianas y pequeñas a un salario único, obviando la realidad productiva y de ventas de las distintas empresas de un sector económico, por lo que empresa y trabajadores, como base de la relación laboral, pierden el poder de negociar de acuerdo a su realidad; tampoco existen cláusulas de salida, es decir, la posibilidad de que una empresa salga del acuerdo ramal por razones económicas, incluso no puede hacerlo en caso de insolvencia.

Por ello, nuestro sistema de negociación, válido para la OIT y para la OCDE, ha tenido resultados positivos para el mundo sindical, el cual ha acrecentado su poder negociador.

Luego de 35 años de democracia, Chile está demostrado que, con múltiples reformas legales, políticas públicas y sobre todo con voluntad y convicción política laboral, reflotar fórmulas del pasado y sin evidencia concreta de beneficios para empresas y sindicatos, resulta un espejismo.

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