Fiebre de Baile en el Movistar Arena: una final para recordar - La Cuarta
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Fiebre de Baile en el Movistar Arena: una final para recordar - La Cuarta

Más de 10 mil personas no fueron solo público en la gran final del programa de Chilevisión: fueron parte activa de un espectáculo donde el grito, la pifia y la emoción convirtieron una transmisión televisiva en un acontecimiento irrepetible.

Entrar al Movistar Arena fue como cruzar un umbral hacia otra realidad, fue algo diferente a los conciertos y shows que usualmente se realizan en el recinto.

La explanada vibraba aún antes de que uno entrara: gritos, cánticos improvisados, selfies, nervios y muchas entrevistas era el ambiente que se veía previa a la gran final de Fiebre de Baile.

Más de 10 mil personas (la capacidad a tope) esperaban el espectáculo que Chilevisión había prometido convertir en evento masivo, no solo en un capítulo más de televisión.

Rostros como Inna Moll, Carlyn Romero, Claudio Valdivia, Naya Fácil, Botota Fox, Nicole Moreno (Luli), entre otros, deambulaban acompañando a los participantes de la final. Cada uno dando entrevistas, cuñas y selfies entre ellos, a la prensa y al público.

Eran casi las 22:00 hrs cuando en las pantallas gigantes se proyectaron los últimos segundos para comenzar la transmisión, los fanáticos corrían a sus sectores, ajustaban sus chaquetas, prendían cámaras, como si cada uno fuera un microperiodista de su propia experiencia, mientras que en la cancha, que figuraba como escenario y espacio exclusivo para prensa, invitados y familiares, se formaba un caos, lleno de famosos, emoción y mucha adrenalina.

Zúmbale Primo tuvo el honor de abrir la gran noche. Entre el baile al sonido de la cumbia, los aplausos y la emoción por parte de todos, nadie se esperaba lo que ocurriría al final de la noche.

“Vamos chicos, a entretener a un país”

Cuando Diana Bolocco subió al escenario, con la voz amplificada que atravesaba hasta los rincones más lejos del Arena, pronunció una frase intensa como una declaración de guerra amable: “Vamos chicos, a entretener a un país”. El público respondió como si fuera propia esa misión, como si también sintieran la responsabilidad: gritos, aplausos, palmas rítmicas. Era imposible distinguir entre quién veía el show y quién era el show mismo.

La presentación del jurado fue un puñado de emociones en segundos. Cuando en la pantalla apareció Raquel Argandoña, la respuesta fue inmediata: un mar de pifias que inundó el recinto. Lo mismo con Vasco Moulian, cuyo gesto de pulgar hacia abajo encendió otro oleaje de abucheos que sonaron casi como música.

Contrario a eso, cada vez que se anunció a los Power Peralta como parte del jurado o show, el Arena estalló en aplausos y gritos. Ahí sí, la gente parecía gritar para sí misma. Así como también ocurrió con La Maestra, la admiración y respeto del público se vio reflejado en su recibimiento amable y aplaudido.

Incluso Naya Fácil, identificada entre las figuras invitadas, fue ovacionada por su aparición espontánea en las pantallas, generando una ráfaga de emoción entre la multitud. Lo que más tarde, Raquel Argandoña hizo de un momento exclusivo para ella, le agradeció por su gran ayuda a las familias damnificadas por los incendios forestales en la región del Biobío.

La primera etapa

La pista vibró con energía cuando cada participante entró acompañado de su pareja de baile. Y Diana junto al público gritaba: “¡3… 2… 1… a mover!”

Princesa Alba abrió la contienda con una elegancia feroz. Un salto alto, como surcando el aire, acompañado de la mirada encendida de su familia y un cartel que se alzaba orgulloso. El público respondió con un estruendo que fue más que aprobación: fue empatía pura.

Cata Days fue poder, empoderamiento y sentimiento puro. Su perfecta coreografía finalizó con unas palabras tranquilizadoras y de agradecimiento.

Luego, Faloon Larraguibel danzó con fuerza y estilo. Al finalizar, Rai fue directo a su abrazo. Sus tres hijos se acercaron corriendo, y La Maestra la coronó con el apodo de “mamá diva”. El público no solo aplaudió: celebró.

Skarleth Labra fue otra onda de energía: carisma, control, un beso a su mamá que encendió más ovaciones, como si no se notara que es una de las favoritas del público.

La tensión subió cuando Camila Andrade salió entre pifias y aplausos. Su rostro se llenó de lágrimas —¿nervios? ¿emoción? ¿miedo?—, pero su salsa fue impecable, llegando a estremecer a muchos.

Gabriel Urzúa, el único hombre en la final, caminó al ritmo de Michael Jackson y fue recibido como un ídolo: aplausos y luces. El Arena lo adoptó como propio.

Entre commerciales y magia colectiva

Llegar a comerciales fue otra coreografía distinta. No era solo cambiar de escena en televisión: cámaras que se movían como si estuvieran ensayadas, famosos recorriendo el vacío del escenario como si fuera su propia casa, periodistas persiguiendo a cada rostro conocido…

Los cuatro que avanzan

El jurado marcó su primer filtro para definir a los cuatro semifinalistas:

  • Skarleth con 39 puntos, la ovación más cerrada de la noche.
  • Princesa Alba y Gabriel Urzúa, empatados con 37 cada uno.
  • Faloon pasó a la segunda etapa ocupando el cuarto lugar con 36.
  • Camila Andrade y Cata Days quedaron fuera. Sin embargo, no hubo tristeza, aún quedaba mucha emoción por parte de ellas y del resto del público.

    El punto medio del show

    La pausa fue una fiesta en sí misma. Kidd Voodoo subió al escenario y el público cantó con cada nota, vibrando al compás con cada movimiento. La energía era tal que parecía que nadie esperaba la siguiente coreografía, fue como revivir uno de los 12 Movistar Arena que realizó en 2025.

    Se anunciaron los planes de una segunda temporada y nombres que prometen nuevos capítulos aún más intensos. Uno de ellos fue Fran Maira, que vino acompañado de un breve show con dos de sus canciones más famosas: el público cantó y bailó sin parar.

    Al mismo tiempo, se confirmó la entrada de la jueza Fran García-Huidobro para la próxima edición, un detalle que hizo a muchos gritar y crear esperanzas al futuro.

    Y justo antes de la última etapa, Power Peralta tomó el centro para un show que combinó ballet con pop, ritmo con adrenalina, como si el cuarto de hora entre competencia y decisión fuera una microfiesta aparte.

    La decisión del público

    Cuando se abrieron las votaciones gratuitas al público para elegir al ganador entre los cuatro finalistas, el ambiente se volvió un susurro cargado de tensión. Luego de ver a cada uno bailar una vez más (Faloon, Princesa Alba, Gabriel Urzúa y Skarleth) el silencio se hizo casi absoluto. Sus presentaciones fueron impecables, una sacaba más aplausos que la otra.

    Alzaron el sobre. Nadie respiraba.

    “¡Skarleth Labra!”

    Explosión inmediata: luces, papel picado cayendo, challas volando, abrazos en primera fila, lágrimas de alegría, gritos que parecían duplicar el volumen del Arena. Skarleth no solo había ganado: había encendido a toda esa multitud que parecía sostenerse con su energía.

    El abrazo de sus compañeros, familiares y amigos fue enriquecedor, ese fue el premio mayor que se llevó ella y todo el público también.

    Al retirarme del Movistar Arena, la sensación no era de espectáculo terminado, sino de acontecimiento vivido. Allí no se trató de ver una final de TV, sino de ser parte de una historia en la que cada aplauso, cada pifia, cada abrazo y cada lágrima fueron una nota más de lo que fue Fiebre de Baile.

    Porque esa noche, mirando luces, voces y emociones en escena, uno no solo seguía un programa… se sentía dentro de él.

    Imperdibles

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