Fonasa: señales de alerta que no se quieren leer y que podrían hipotecar su futuro
El gobierno enfrenta una decisión estratégica. Persistir en soluciones administrativas para problemas estructurales puede debilitar a Fonasa.
No es un episodio aislado, sino una señal de alerta sobre la viabilidad de una política que pretende apoyarse en privados sin ofrecer un marco claro y predecible.
La respuesta de Fonasa de avanzar por trato directo para adjudicar las fracciones vacantes es comprensible por urgencia, pero compleja por la señal institucional que transmite.
Cuando una licitación no atrae actores para asumir el riesgo completo, el problema suele ser de diseño y certezas de largo plazo. Persistir en el mismo camino, cambiando solo el mecanismo administrativo, no aborda las causas de fondo.
El rechazo de Zúrich es una advertencia. Las aseguradoras señalan que el MCC, tal como está concebido, no ofrece condiciones para una gestión sostenible. Costos crecientes difíciles de anticipar, alta judicialización, falta de control clínico y una demanda contenida que emergerá, conforman un escenario poco atractivo. No es desinterés, es una evaluación racional del riesgo.
Se suma una asimetría crítica: las responsabilidades trasladadas a los aseguradores frente a las facultades reales para gestionar el riesgo.
Sin capacidad de incidir en redes, protocolos o pertinencia clínica, el MCC termina siendo una transferencia de incertidumbre más que un esquema de aseguramiento. En estas condiciones, la sostenibilidad financiera es una promesa difícil de cumplir.
El trato directo no resuelve el dilema. Puede permitir avanzar hoy, pero tensiona la legitimidad y refuerza la percepción de improvisación. Instala, además, un precedente: cuando el diseño falla, se reemplaza la competencia por negociaciones ad hoc. Si esto también fracasa, reiniciar el proceso implicaría reconocer que el MCC requiere un rediseño profundo, con el consiguiente costo político.
Insistir en su implementación hoy parece más voluntarismo que realismo técnico. Suspender el trato directo no debería leerse como derrota, sino como oportunidad para corregir el rumbo. Mejorar el MCC exige tiempo y un rediseño que probablemente excede los márgenes de la actual administración. Forzarlo ahora puede hipotecar su viabilidad futura.